miércoles, 16 de enero de 2008

OBSTÁCULOS PARA UNA BUENA COMUNICACIÓN


Reproducción del diálogo de la viñeta:
- ¡No me des la espalda cuando te hablo!
- Estoy de frente , papá.

Cuanto más estrecha sea la relación, más importancia tendrá la comunicación no verbal. Cuando un miembro de una familia llega a su casa puede percibir un mensaje de bienestar o tensión sin necesidad de mirar a la cara al resto de la familia. En ocasiones, la falta de verbalización (de hablar) supone una grave limitación a la comunicación. Muchas veces la prisa de madres y padres por recibir alguna información les impide conocer la opinión de sus hijas e hijos. De igual forma, impide una actitud abierta y predisposición a escuchar.
La situación anterior es especialmente importante en la adolescencia. Son múltiples las situaciones en que madres y padres sienten curiosidad por lo que hacen hijas e hijos, quienes, ante una situación de exigencia, responden con evasivas.
Otro impedimento para la comunicación es la impaciencia de madres y padres para poder incidir educativamente en la conducta de sus criaturas. Todo el proceso educativo pasa por la relación que establecen todos los miembros de la familia, y ésta se apoya en la comunicación; por eso es tan importante preservarla y mantener la alegría de disfrutarla. Para ello es suficiente que padres y madres no quieran llevar siempre la razón y convencerse que comunicarse no es enfrentarse.
La vida familiar cuenta también con unos enemigos claros para establecer conversaciones y la relación interpersonal. La televisión en la comida, los horarios que dificultan el encuentro relajado, los desplazamientos de fin de semana... Hay que luchar frente a estas situaciones y adoptar una actitud de resistencia provocando un clima que facilite la comunicación.
Estos enemigos sirven de obstáculo para comunicarnos. Los podemos resumir así:
Generalizaciones: ("Siempre estás pegando a tu hermana","nunca obedeces"). Seguro que en algún momento hace algo distinto de pegar a su hermana. Posiblemente, alguna vez, sí ha sabido obedecer.
Juzgar los mensajes que recibes: La madre, cuando el padre llega de la calle, dice: "Parece que hoy llegas más tarde". El padre replica: "¿Qué pasa?, ¿los demás días llego antes?. ¡Siempre estás pendiente de la hora a la que vengo!
No saber escuchar para comprender bien lo que quieren decir realmente.
Discutir sobre tu versión de algo que sucedió hace ya tiempo. ¿Para qué darle tanta importancia a sucesos ya pasados?
Poner etiquetas
Tener objetivos contradictorios.
El lugar y el momento que elegimos.
Hacer preguntas llenas de reproches.
Abusar de los: "Tú deberías", "Yo debería hacer"; en vez de los: "Qué te parece si...", "Quizás te convenga", "Yo quiero hacer", "Me conviene", "He decidido".
Cortes en la conversación porque se presta más atención a lo que quieres decir, que a escuchar lo que nos dicen.

Tipos de madres y padres según el uso de la comunicación:
En función de las palabras que dirigimos a nuestras criaturas podemos comunicar una actitud de escucha o, por el contrario, de ignorancia y desatención. Según analiza el psicólogo K. Steede en su libro “Los diez errores más comunes de los padres y cómo evitarlos”, existe una tipología de madres y padres basada en las respuestas que ofrecen a sus criaturas y que derivan en las llamadas conversaciones cerradas, aquellas en las que no hay lugar para la expresión de sentimientos o, de haberla, éstos se niegan o infravaloran:
Madres- padres con funcionamiento autoritario: temen perder el control de la situación y utilizan órdenes, gritos o amenazas para obligar a la criatura a hacer algo. Tienen muy poco en cuenta sus necesidades.
• Madres- padres que hacen sentir culpa: con interés (consciente o inconscientemente) en que su criatura sepa que son más inteligentes y con más experiencia. Utilizan el lenguaje en negativo, infravalorando las acciones o las actitudes de hijas e hijos. Comentarios del tipo "no corras, que te caerás", "ves, ya te lo decía yo, que esa torre del mecano era demasiado alta y se caería" o, "eres un desordenado incorregible". Son frases aparentemente neutras que padres y madres usamos alguna vez.
Madres- padres que quitan importancia a las cosas: es fácil caer en el hábito de restar importancia a los problemas de nuestras criaturas sobre todo si realmente pensamos que sus problemas son poca cosa en comparación a los nuestros. Comentarios del tipo "¡bah, no te preocupes, seguro que mañana volvéis a ser amigas!", "no será para tanto, seguro que apruebas, llevas preparándote toda la semana", pretenden tranquilizar inmediatamente a un niño o a una joven en medio de un conflicto. Pero el resultado es un rechazo casi inmediato hacia la persona adulta que se percibe como poco o nada receptiva a escuchar.
Madres- padres que dan conferencias: la palabra más usada en situaciones de "conferencia o de sermón" es: deberías. Son las típicas respuestas que pretenden enseñar al hijo o a la hija en base a nuestra propia experiencia, desdeñando su caminar diario y sus caídas.

Por último, hay que mencionar la cantidad de situaciones en las que la comunicación es sinónimo de silencio (aunque parezca paradójico). En la vida de toda hija y de todo hijo, como en la de cualquier persona, hay ocasiones en que la relación más adecuada pasa por la compañía, por el apoyo silencioso. En lugar de un sermón es preferible, a veces, una palmada en la espalda cargada de complicidad y de afecto, una actitud que demuestre disponibilidad y a la vez respeto por el dolor o sentimiento negativo que siente esa otra persona.

Fuente : "Escuela de padres.Ministerio de educación" (Adaptado)